La noche sola.
La casa está rota en aire y polvo.
El silencio tapona mis oidos.
La gata gime y un gran peso cae sobre mis hombros:
la preciada soledad sólo es el lamento del cobarde.
Y aquí estoy, nudo en la garganta,
echándote de menos.
No hay cama dulce que me recoja
no respiro tranquilidad.
Preveo mi mañana en este momento
y esto sólo ha sido un simulacro.
Yo quería compartir la luz de las mañanas
y el olor de la Dama de noche.
Yo quería despertarme con tu colonia
y dormirme con tu abrazo.
Ahora sé que estamos aquí levemente alzados
en el sentimiento, que por mi parte recae sobre la tuya
y que puede que el destino exista
y sea parte de su voluntad
dejarme sola y hacerme menos frágil.
Yo ante todo te quiero.
C.

<< Home