La alfombra amarilla
Me apartó la melena del cuello.
Me acariciaba con la mano y con la vista.
No veía a pesar de tener los ojos abiertos,
sólo tengo el recuerdo de lo que imaginé en aquel momento
sobre la alfombra amarilla de flores de una tarde de otoño
que el verano ha tenido a bien regalar.
Creía que el cuerpo se expandía a lo largo del banco,
que la lluvia era parte de un nacimiento invisible
y que podría agitar los brazos y danzar con absoluta precisión
todo aquello que sentía.
No es un instante lo que te cuento,
es la causa como pocas del sentido de vivir,
experimentar una y otra vez la vuelta al mundo
al intuir un pensamiento tuyo.
Pocas cosas importan,
lo sé porque me duele.
Así que cierro los ojos
y decido volver a la alfombra amarilla de esta fugaz tarde de otoño
que el verano a tenido a bien regalar,
donde me apartaste la melena del cuello
y me acariciaste con la mano y con la vista
y sentí
que no iba a haber otro amor como este.

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